26/01/2015

26Ene

El episodio es propicio para jugar con los números. El operador número cuatro de Reino Unido, llamado Three, comprará O2 para convertirse en número uno, y un chascarrillo asegura que su futura marca sería O23. El asunto es más serio que todo eso: obligada por las circunstancias y sin capacidad para transformar O2 en operador convergente, que es lo que se lleva, Telefónica ha decidido vender su filial británica a su rival Three, al que no le inquieta seguir siendo un operador exclusivamente móvil.

El precio pactado en principio, 10.250 millones de libras (13.600 millones de euros al cambio del viernes), casi totalmente en cash, permitiría al vendedor reducir una cuarta parte de su deuda, pero hay otros usos posibles para ese dinero. César Alierta suele presentar sus maniobras como estratégicas, y aunque esta operación es un evidente paso atrás en la expansión de los últimos años, el repliegue también tiene carácter estratégico.

Según la prensa londinense, habría otros interesados en la compra, pero ni se los nombra ni serían viables a menos que una de las partes rompa las negociaciones. Como precedente, Three ya adquirió la filial irlandesa de O2 el año pasado.

Sin haber predicado nunca la consolidación – incluso negando su necesidad – Three ha llegado a ser su mejor agente. Las operaciones móviles son una parte menor del conglomerado Hutchinson Whampoa, controlado por el que dicen es el hombre más rico de Asia, el octogenario Li Ka-Shing, ciudadano de Hong Kong.

Es un hecho que la operación valida la tesis de quienes en Europa defienden la necesidad de reducir el número de operadores como instrumento para la inversión en nuevas redes. En Reino Unido, se ha pasado en poco tiempo de cinco operadores móviles a cuatro – con la fusión de Orange y T-Mobile en EE, que a su vez será absorbida por BT, que suman un 32% del mercado – y a partir de ahora serían tres.

Vodafone pasaría así al tercer puesto (24%), lo que ha provocado una rara reacción bursátil: sus acciones han subido. Hay dos explicaciones plausibles y no excluyentes: 1) los rumores de un encuentro entre Vittorio Colao, CEO del grupo Vodafone, y el magnate John Malone, dueño del grupo de cable Liberty Global, con vistas a una fusión, y 2) la suposición de que va a aliviarse la competición, las tarifas volverán a subir, y con ellas subirán los ingresos de los tres operadores resultantes.

Esto gustará a la bolsa, pero no a los consumidores, que ya se ven pagando más por sus facturas. Three ha sido el campeón de las rebajas, pero quizá deje de serlo cuando alcance el primer puesto del mercado, con 31,5 millones de clientes y una cuota del 41% en telefonía móvil.

Como está mandado, la operación deberán aprobarla los dos reguladores británicos, pero Bruselas tendrá algo que decir en última instancia; si da luz verde, o sólo deja correr, ya no tendría argumentos para cuestionar la consolidación en otros países. La CE autorizó el paso de cuatro a tres operadores móviles en Irlanda, Austria y Alemania, con fuertes condiciones, ¿por qué oponerse en el caso británico y en los que vendrán?

Aunque pueda parecer que no están relacionadas, las concentraciones en Reino Unido y en Brasil tienen un punto en común latente. Se esperaba que la salida de Telecom Italia del mercado brasileño desembocaría en el reparto de su filial TIM entre los otros tres competidores – Oi, Vivo (Telefónica) y Claro (América Móvil) – pero el plan podría deshacerse: Oi ha obtenido los permisos para la venta de Portugal Telecom, que le asegura los recursos para comprar TIM en solitario. Por su lado, Telefónica – una vez cierre la venta de O2 – gozará de una situación financiera favorable para pujar, como hubiera querido hacer desde el principio.

Está claro que no es lo mismo salirse de República Checa que de Reino Unido, pero Alierta tiene otros horizontes posibles: en México, se avecina la venta de activos del grupo Slim, y Telefónica aspira a crecer en ese país, lo que no sería mal uso para la fortuna que recibirá por la venta de O2.


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