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  24/04/2012

24Abri

The Economist trae esta semana un dossier sobre Manufacturing and Innovation, del que extraigo una previsión sorprendente: una tercera parte de la producción que empresas de EEUU externalizan en China, será repatriada antes de 2020. Los costes laborales chinos aumentan, y esa ventaja competitiva se desvanece poco a poco. En la fabricación de ordenadores, la proporción llegaría al 40%. Porque, según parece, ese capítulo es cada día menos importante en los costes totales. Trae un ejemplo que a los lectores de este blog les sonará familiar: un iPad de 16 Gb, que se vende a 499 dólares, comprende sólo 33 dólares de coste de mano de obra industrial, y de esta, la correspondiente a China representa 8 dólares.

Según esta tesis, originada en un estudio de Boston Consulting Group, la producción offshore está volviendo a casa no tanto porque los salarios chinos aumentan, que también, cuanto porque las empresas han descubierto que pueden responder con más presteza y eficacia a los cambios en la demanda. “Algunos nuevos productos son tan sofisticados que es conveniente tener en un mismo sitio a quienes los han diseñado y quienes los producen”.

Del texto, entresaco una prédica que desbarata la vieja dicotomía entre industria y servicios. Una terrcera revolución industrial estaría en marcha gracias a “la convergencia de cierto número de tecnologías: software inteligente, nuevos materiales, robots más diestros, nuevos procesos y una amplia gama de servicios basados en la web”. La industria se digitaliza, y los modelos de negocio se transforman: “Rolls Royce ya no vende sus motores de aviación; vende las horas durante las cuales esos motores harán que los aviones de sus clientes vuelen”.


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