23/07/2015

23Jul

Por insólito que parezca, Apple tendrá que esforzarse para reparar los daños causados por unos resultados trimestrales de fábula: 33% de incremento en sus ingresos, récord de ventas del iPhone, mejora del precio medio, 200.000 millones de dólares en caja, y así algunos otros parámetros. ¿Cómo se explica que tras el anuncio, la acción cayera un 7%, lo que significa que el valor bursátil de la compañía perdió 62.000 millones de golpe y porrazo?

Se explica – y creo que no es la primera vez que lo digo – por los excesos del aparato informal de propaganda formado por voluntariosos escribas enfermos de forofismo y analistas que viven de inflar expectativas. Esto no ocurre por azar: es alimentado por la falta de transparencia que es uno de los rasgos de Apple más difíciles de erradicar en cualquier compañía, y en esta en particular.

Entre abril y junio, Apple ingresó 49.610 millones de dólares (el 63% debidos al iPhone). Pero, ay, el llamado consenso de los analistas, amalgama de profesionales y aficionados – recopilado regularmente por alguien que sólo escribe sobre Apple y siempre bien – apuntaba una media de 50.000 millones. Y como la otra pata del consenso apuntaba 49,4 millones de iPhone vendidos [influyó sobremanera un chino que estimó 54,2 millones] ha sido frustrante ver que se vendieran ´sólo` 47,5 millones. Afortunadamente, la dosis del modelo 6 Edge ha mejorado en 99 dólares el precio medio efectivo, para elevarlo a 660 dólares por unidad.

En realidad, los números fueron mejores de lo que parecen. Luca Maestri, el nuevo CFO, ha desvelado una corrección del inventario en 600.000 unidades de iPhone, lo que se puede atribuir – Maestri no lo dijo expresamente – a la proximidad de lanzamiento del nuevo modelo que se espera en setiembre. Supuestamente, el ajuste habría reducido los resultados en unos 650 millones de dólares.

Lo menos que se puede decir es que la reacción bursátil ha sido irracional. Pero Apple se la ha buscado con su hábito de permitir que unos cuantos cortesanos ocupen el vacío de información. Es curiosa la discusión previa acerca de las previsiones de venta del Watch. Cuando la prensa sería – New York Times, Wall Street Journal, Financial Times, etc – expresó dudas acerca de la demanda real del reloj ´inteligente` de Apple, surgieron los sospechosos habituales para contrarrestarla. El colmo fue uno que denunció a los periodistas como presstitutes. En auxilio de Apple, llegó corriendo la consultora Canalys, generalmente respetable, con un pronóstico de 4,2 millones de unidades vendidas en el trimestre.

En la presentación de resultados, Tim Cook se negó en redondo a ofrecer cifras sobre el Watch, con el peregrino argumento de que si lo hiciera estaría dando información a la competencia. Pero Maestri dio una pista indirecta, al decir que los 952 millones de aumento en la categoría Otros obedecía «en más de un 100%» al Watch. Los analistas de verdad echaron la cuenta: unos 2,1 millones de unidades al precio medio de 499 dólares. Resulta difícil entender por qué se oculta una información que se hubiera interpretado como un éxito. Herméticamente, Cook dejó caer que el mercado para el Watch no estará maduro hasta el 2017. ¿Esto no es chivarse al adversario?

Si se me permite sacar una conclusión de tan pocos elementos, entiendo que la reacción de los inversores refleja la convicción de que el crecimiento de Apple no pueda sostenerse mucho más en torno al 30%. Es plausible pensarlo, pero no parece que sea un motivo para dar órdenes de vender acciones.


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