22/11/2017

22Nov

Durante meses, a medida que se hinchaba el dislate independendista en Cataluña, crecía la duda – políticamente secundaria pero no anecdótica – acerca del futuro del Mobile Congress. Mejor dicho, sobre la permanencia del MWC en Barcelona. La exaltación identitaria llevó a los dirigentes del proceso a desinteresarse del asunto, al igual que ninguneaban el riesgo de fuga de empresas. La fallida candidatura a acoger la Agencia Europea del Medicamento ha confirmado el error:  era obvio para cualquiera que la UE, forzada por el Brexit a retirar de Londres ese organismo, no se lo adjudicaría a la capital de un Estado imaginario.

A lo que iba: este blog se ha ocupado del MWC desde la primera hora y es natural que me pregunte si Barcelona corre un riesgo real de perder esta feria. Sí. Tampoco era imaginable que Caixabank trasladaría su sede a Valencia o el Banco de Sabadell  la suya a  Alicante. La diferencia, en todo caso, es la existencia de un contrato entre la GSMA – ente organizador – y la Fira de Barcelona – anfitriona – vigente hasta 2023 pero sujeto a confirmaciones anuales. En una palabra, algo muy grave tendría que ocurrir para que se activasen las cláusulas de rescisión unilateral.

La convocatoria de elecciones autonómicas no despeja la incertidumbre. Consciente del valor que el MWC aporta a la economía barcelonesa, el presidente de la Cámara de Comercio, Miquel Valls, ha tomado la iniciativa de proponer – hasta ahora informalmente – a Kim Faura, delegado de Telefónica en Cataluña, como candidato a presidir la Fira. La intención es transparente: preservar el contrato y, eventualmente, preparar su renovación.

Faura goza de reconocimiento por su talante componedor, una cualidad necesaria para tranquilizar al factotum de la GSMA, Johm Hoffman, quien en años anteriores ya tuvo alguna bronca con la autoridad municipal a cuenta de las huelgas de transporte coincidentes con las fechas de la feria. Sin embargo, las buenas intenciones chocan con las circunstancias políticas.

La Fira tiene un estatuto de gobierno tripartito entre Ayuntamiento, Cámara y Generalitat [citados en orden alfabético] con la peculiaridad de que la Cámara tiene en exclusiva el derecho de proponer al presidente de la institución, mientras que el Ayuntamiento tiene el derecho, también exclusivo, de vetar la candidatura. No puede ignorarse que el rol de la Generalitat no es pasivo, como pudiera parecer.

La Fira – y por extensión el MWC, que es de lo que aquí me interesa – ha sido pillada a contrapié por la evolución del ´procés`. El mandato de su presidente, José Luis Bonet – presidente de Freixenet – ha caducado sin que se haya nombrado sustituto. En su día, la Cámara presentó la candidatura de un empresario del transporte local, rechazado por el consistorio: (extraoficialmente, por la preferencia de que el cargo fuera ocupado por una mujer).

Con este antecedente, Valls pretende consensuar con la alcaldesa, Ada Colau, sus candidatos – cuatro consejeros, además del presidente – objetivo que se antoja complicado en el actual clima político. Colau está en minoría en el consistorio por las reverberaciones de la crisis en la Generalitat, y por consiguiente necesita contar con votos de los grupos soberanistas. En esta corriente política, nadie se ha atrevido a descalificar a Faura, pero un fundamentalista me dijo la semana pasada (en Barcelona precisamente) que «sería poco apropiado nombrar al frente de la Fira al delegado en Cataluña de una empresa española» (sic).

Mientras en la marmita catalana se cocía el ´procés`, la presidencia de la Fira pudo parecer asunto menor. Hasta que empezó a airearse la posibilidad de perder a medio plazo la sede del Mobile World Congress, que es de lejos la mayor y más rentable de las actividades del recinto ferial. ¿Hay prisa? No exactamente, pero sería bueno que la Fira normalizara su funcionamiento antes del MWC 2018, convocado para el 26 de febrero. Al día siguiente, habrá que pensar en el de 2019. Las elecciones autonómicas y las negociaciones consiguientes, podrían retrasar la vuelta a la normalidad institucional.

Ahora, bien: el riesgo de que el MWC se traslade a otra ciudad europea tampoco me parece real. Este congreso llegó a Barcelona en 2006, escapando de las insuficiencias de Cannes, su primera sede. Europa tenía un peso determinante en la industria: en Europa se incubó el estándar 3G y abundaban las empresas y marcas líderes. De hecho, las instalaciones de Montjuic se quedaron pequeñas, y la primera renovación del contrato en 2011 estimuló la construcción de las magníficas instalaciones de la Fira Gran Vía.

Es lógico suponer que el mercado marque la pauta a un acontecimiento con aspiraciones globales. En 2015, escribí: «hasta el nombre de Mobile World Congress se ha quedado pequeño […] Esta era una feria de teléfonos móviles que todavía no presumían de inteligencia; había marcas europeas que han desaparecido; las compañías chinas venían a aprender». Desde entonces. el MWC se ha convertido en el mayor foro de discusión sobre una industria polifacética que gusta hablar de movilidad más que de móviles».

Han pasado más cosas: la descentralización del MWC, una adaptación al mercado, supone multiplicar sus ediciones con sendas ferias en San Francisco y Shanghai. Una por ser el referente de la tecnología y la otra por ser China el centro industrial por excelencia, a la vez que el primer mercado del mundo. No tienen todavía el alcance y repercusión de la edición europea, pero esto no significa que Barcelona tenga garantizada la continuidad.

Aun así, opino con conocimiento de causa que ninguna ciudad europea sería una alternativa comparable a Barcelona. Londres y París cuentan con unos recintos feriales desangelados y distantes, el de Milán se ha quedado pequeño y anticuado; la opción de Berlín sería en principio viable siempre y cuando, por razones climáticas, se alterara el calendario, lo que dista de ser sencillo. Estos factores podrían servir los intereses de Barcelona, sumados a su evidente atractivo. Pero antes, ay, habrá que demostrar una voluntad política inequívoca, sin cálculo ni ambigüedad.


Contacto Suscríbete RSS


Sobre el autor. Copyright © 2024 El dominio norbertogallego.com es propiedad y está administrado por Diandro SL. B85905537. Creative Commons