17/09/2014

17Sep

No ha sido una de esas típicas pujas entre dos grandes para adquirir una compañía de menor tamaño. Tampoco ha habido un ´caballero blanco` al que la novia llamara en auxilio para defenderse o, al menos, subir la dote. La oferta de Orange sobre Jazztel ha quedado encaminada de una manera muy distinta a la que a principios de año imaginaban los analistas: el primer accionista de Jazztel, Leopoldo Fernández Pujals, ha jugado con maestría sus cartas, hasta forzar una operación en la que el comprador – que rompió las primeras conversaciones por entender que Pujals le pedía un precio excesivo – acepta pagar una cifra muy superior, equivalente a 15 veces el ebitda estimado para 2014.

Al final del proceso [compra del 14,5% en manos de Pujals + lanzamiento de una OPA que deberá ser aceptada por otro 50% del capital] al grupo francés le habrá costado unos 3.400 millones de euros quedarse con 1,5 millones de clientes móviles [que en realidad ya están en su red, alquilada por Jazztel] y 1,5 millones de clientes de banda ancha fija. Lo que importa más a Orange son los 2,2 millones de hogares pasados por fibra, que le permitirán entrar a competir seriamente con Telefónica y con la suma de Vodafone + Ono.

Para llegar a este desenlace, se ha pasado por una secuencia de maniobras cuyo origen se remonta al lanzamiento de Movistar Fusión, y pasa por el acuerdo entre Vodafone y Orange para desplegar fibra de uso conjunto, pero cuyo momento crucial fue la compraventa de Ono, que dejó descolgado al operador francés. Para competir en el negocio de FTTH, sólo le cabía una posibilidad, comprar Jazztel, y al final ha tenido que tragar. Según dijo ayer en rueda de prensa Gervais Pellissier, número dos de Orange, el resultado será «el operador convergente más dinámico del mercado español», que suma 5.052 millones de euros de ingresos [4.052 + 1.044 millones] y 1.222 millones de ebitda [1.038 + 184 millones]. Su objetivo es alcanzar los 10 millones de clientes de fibra y cable en 2017.

Entremedias, ha habido un episodio extraño, bautizado como plan B, una oferta de Jazztel sobre Yoigo, que hubiera creado un cuarto operador viable. Sería impertinente suponer que ese plan urdido por Pujals, era una amenaza simulada para sentar a Orange en la mesa de negociaciones, pero Nacho del Castillo relata la jugada con cierta gracia: «al final me compraréis, pero seremos más gordos y más caros, y os habremos costado cientos o miles de millones de euros en ebitda destruído […]».

Lo cierto es que funcionó: el precio acordado, 13 euros por acción de Jazztel, representa una prima de más del 30% sobre la cotización media del mes anterior. El pacto contiene una curiosa condición: que Jazztel no compre Yoigo, se presume que un ménage à trois retrasaría la aprobación del regulador. Yoigo – y su accionista de control, Telia Sonera – ha quedado desairado y con un futuro incierto, muy dependiente del acuerdo a plazo fijo que tiene firmado con Movistar y con dos novios eventuales (Vodafone y Orange) de momento ocupados en digerir sus respectivas adquisiciones. La alternativa de ser comprada por Telefónica aparece como algo remoto, aunque posible, y a buen seguro se hablará de ella.

Veremos cómo se desarrollan las cosas. Entretanto, quisiera subrayar que la noticia se inscribe en las dos tendencias que se pusieron de manifiesto en el encuentro de Santander la primera semana de septiembre: por un lado ha empezado la «consolidación necesaria» del mercado español, por otro la constatación de que la clave de bóveda para competir en el mercado español es disponer de fibra desplegada hasta los hogares.

Ahí se esconden dos contenciosos sobre los que tendrá que arbitrar la CNMC: 1) las condiciones en las que Telefónica tendrá que ofrecer a los competidores acceso a su infraestructura de fibra y 2) las condiciones en las que Vodafone (y Orange por supuesto) supuesto) querrían poder ofrecer los contenidos audiovisuales que Movistar tiene ahora en exclusiva.

Permitan que cierre este comentario de urgencia con un pronóstico. La situación es perfecta para que los tres operadores se disputen, a golpe de talonario, un acuerdo con Netflix, que ha iniciado su desembarco en otros mercados europeos.


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