13/02/2014

13Feb

Las telecos europeas llevan años hablando de consolidación, de la necesidad de ganar tamaño más allá de sus fronteras. Ha habido operaciones importantes, pero muchas se han quedado en el camino. Porque algún regulador avisó que las bloquearía, porque los protagonistas se pusieron la venta antes de la herida, porque la política y/o el chovinismo se metieron por medio [pienso en las combinaciones TEF/PT o TEF/TI]. Hubo y hay, alternativas para crecer en otras regiones, y así los ´incumbentes` fueron dibujando un mapa en el que Telefónica se centró en América Latina; Vodafone y Orange en las dos costas africanas; Deutsche Telekom se quedó cerca de casa, mientras sueña con desembarazarse de cara aventura en EEUU; y los operadores nórdicos han echado anclas en Asia Central o incluso más allá. Este mapa tiene borrones: algo se mueve en Brasil, Telefónica pretende engordar en México, Vodafone trata de ampliar su negocio en India, etcétera.

Son horizontes lejanos. Ahora parece que 2014 podría ser un año de consolidación también en Europa, siempre que las autoridades fueran más flexibles, como lo han sido con la entrada de Carlos Slim en Holanda y Austria. Yoigo ha dejado de estar en las quinielas. Pero la noticia del mes es oferta de compra de Ono por Vodafone, que ha sido recibida «a puerta gayola» [que me perdonen los antitaurinos] con el pretexto de dar tiempo a una salida a bolsa que, presuntamente, tendría la virtud de subir el precio por encima de los 7.000 millones. Digo presuntamente, porque el tiro podría salir por la culata a los fondos que controlan la propiedad (y la deuda) de Ono. Claro que podría haber otros candidatos instrumentales, interesados en encarecer la factura de Vodafone.

Cuando Vittorio Colao anunció la venta de su participación en Verizon Wireless, eludió decir cuánto dinero del botín destinaría a adquisiciones. Una vez calmados los accionistas, ya pudo ser más preciso el otro día, al decir que «en los próximos años» dedicará entre 30.000 y 40.000 millones a salir de compras, pero añadió algo que pudo sonar presuntuoso: «ninguna compra es demasiado grande para nosotros si tiene sentido estratégico». Una vez releída, la frase no es chulería, sino reconocimiento de que su prioridad es corregir la debilidad de origen de Vodafone, que tiene poca infraestructura fija para redondear ofertas convergentes y de quadruple play. Para esto compró Kabel Deutschland y a lo mismo se deben las ganas de comprar Ono. Para Vodafone, Europa y los servicios a empresas son objetivos claros, pero no renuncia a seguir creciendo en ciertos mercados emergentes. El propio Colao aportó otra medida de su ambición: Vodafone podría pasar de su actual 17% del negocio mundial de las telecos a representar el 23%.

No hay constancia de que Orange esté haciendo movimientos parecidos, pero tampoco sería extraño tener noticias que contar próximamente. Por su lado, Deutsche Telekom confía en que la nueva FCC estadounidense autorice lo que el año pasado amenazó con vetar: una fusión entre T-Mobile y Sprint (ahora propiedad de Softbank); si la compañía alemana lo consigue, podría reducir la deuda, y al mismo tiempo crecer en la República Checa [un mercado clave para ella] y comprar las cuotas de sus socios en Grecia y Eslovenia.

Los hechos y conjeturas precedentes tienen una pega: a más ambición, más difícil se hace convencer a los reguladores de que una consolidación es, más que conveniente, necesaria, entre otras medidas, para recuperar la salud del sector.


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