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  22/07/2015

Pasa en las mejores familias (también en Corea)

Samsung. ¿De qué hablamos exactamente cuando decimos Samsung? Los ingenuos dirán que es una marca de móviles, y los enterados que es una compañía coreana. Los dos tienen razón: es un conglomerado de al menos 70 compañías emparentadas entre sí por un inextricable laberinto de intereses y participaciones cruzadas. Samsung Electronics (la de los móviles), es la más conocida del grupo, y también la más rentable. En la cúspide se asienta la dinastía Lee, que en las últimas semanas ha protagonizado un culebrón corporativo con un actor no invitado. En el origen están los enredos sucesorios del clan, que controla con mano hábil un grupo empresarial cuya facturación en 2014 fue de 305.000 millones de dólares.

Lee Jae-yong

Lee Jae-yong

Por razones oscuras, el patriarca Lee Kun-hee (73) no aflojó a tiempo las riendas para que su hijo tercero y preferido, Lee Jae-yong (47) se hiciera con el mando del grupo . Malas lenguas coinciden en que bien podría decirse del joven Lee que ´lo que natura non da Harvard non presta`. Lleva 24 años en puestos directivos, y aún los medios financieros de Seúl – ni los fondos de inversón extranjeros – no se fían de sus cualidades: es cierto que habla un excelente inglés y que tiene un buen handicap de golf, dos factores clave para la diplomacia empresarial, pero la dirección del grupo está en manos de directivos de confianza de su padre, pese a que ostenta desde 2012 la condición de vicechairman.

Cuando el progenitor fue resucitado in extremis de un infarto en mayo del año pasado – sigue en coma hasta hoy – se pudo comprobar que la sucesión no estaba bien resuelta. Los líos de los Lee vienen de lejos: cuando en 1987 murió su padre, el fundador Lee Byung-chul, Lee Kun-hee se las arregló para desplazar al primogénito. Entrado en la vejez, y pese a sus problemas de salud, demoró cuanto pudo la transferencia del poder a su propio hijo. De modo que el joven heredero ha tenido que pisar el acelerador, entre otras cosas para minimizar la factura fiscal que llegará cuando muera su padre.

En síntesis: Lee Jae-yong ha impulsado la fusión de dos subsidiarias, Cheil Industries y Samsung C&T, en un holding del que él personalmente ejercerá el control con sólo un 17% de las acciones. Gracias a la participación de este holding en Samsung Electronics (en la que su familia sólo controla directamente un 4,7%) tendrá acceso a la primera fuente de riqueza y poder del conglomerado, y empezará a mandar de verdad.

La maniobra, que de sutil no tiene nada, encontró una resistencia inesperada por parte del oportunista Paul Singer, cabeza del fondo de inversión estadounidense Elliott Management, calificado universalmente como ´buitre` por la audacia con la que se lanza a la caza de empresas de cuyas dificultades siempre saca partido. La dócil prensa coreana ha sacado a relucir su vena nacionalista, clamando contra Singer pero sin informar que el mismísimo fondo soberano del estado coreano mantiene una participación estable en Elliott.

El desenlace de esta batalla ha sido la aprobación de la fusión por escaso margen, evidenciando que hay mar de fondo entre los accionistas. Por lo que Elliott podría volver a la carga, erigido en adalid de los minoritarios, víctimas de los manejos de una familia poderosa, etc etc. En cualquier caso, es una primicia asistir al primer tropiezo del idiosincrático modelo capitalista coreano, articulado sobre un puñado de chaebol (conglomerado diversificado). Otros grandes grupos del país, como LG y Hyundai, han empezado a tomar nota de una palabreja que hasta ahora ignoraban: gobernanza.

Otros seguirán el ejemplo de Singer. Si algo sobra a los ´inversores activistas` norteamericanos es liquidez, y tienen sumo interés en invertir en Corea, país donde los valores bursátiles están devaluados como efecto del control que ejercen las grandes familias sobre las compañías cotizadas. De hecho, otros capitalistas foráneos secundaron la rebelión de Elliott, pero al hacerlo han estimulado el argumento de que, por su naturaleza, sólo piensan en el beneficio a corto, mientras que el modelo coreano se supone destinado a ser sostenible.

Allá Elliott y los Lee con sus cuentas. Tanto o más importante es lo que está ocurriendo con Samsung Electronics, la joya de la corona del grupo, que lleva siete trimestres consecutivos de beneficios en descenso. La semana pasada se ha sabido que la compañía presentará el 20 de agosto su nuevo phablet Galaxy Note 5, y quizá algún otro modelo, para ponerlos a la venta el día siguiente, viernes 21. Lo llamativo es que el movimiento anticipa lo que debería ser un plato fuerte del tradicional evento ´Unpacked` de principios de setiembre en Berlín. Tiene explicación.

La estrategia 2015 de la división de móviles de Samsung [reducir un 30% el catálogo, recortar los costes de materiales y elevar el beneficio operativo], no ha funcionado. En espera de conocer cuántos Galaxy S6 y S6 Edge se han vendido realmente, y de la inevitable comparación con las ventas de sus iPhone equivalente, los analistas señalan que Samsung ha perdido peso en el mercado mundial. Afortunadamente para el grupo, la división de semiconductores lo ha compensado, aunque irónicamente gracias al suministro de componentes para el iPhone.

Al adelantar el lanzamiento del nuevo modelo, Samsung pretende reforzar con cuatro semanas adicionales las ventas del tercer trimestre. Y, puesto que el tercero del 2014 se cerró con una caída del 40% en los beneficios, la comparación interanual ayudará a enmascarar los problemas. Algunos de los problemas.


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