publicidad
  18/06/2011

Jordi Hinojosa

Presidente del capítulo Cataluña de la Internet Society

Tras varios años de polémica, las aguas han vuelto a su cauce en ICANN (Internet Corporation for Assigned Names and Numbers), el organismo multilateral – pero sometido a la legislación de Estados Unidos, una de las claves de la discusión – cuya función es regular los nombres y dominios de la Red. Ha recuperado su autoridad, y acumulado más trabajo, con las numerosas propuestas de nuevos dominios. Jordi Hinososa conoce bien los entresijos, por haber participado en este mundo desde 1999, y porque sigue al día sus reglas, en las que se entrecruzan materias tecnológicas, nuevos hábitos sociales, intereses empresariales, y una discreta dosis de política internacional.

Jordi Hinojosa
Jordi Hinojosa

¿Están superados los tiempos tumultuosos para el ICANN?

Las presiones externas que durante años se ejercieron sobre la organización, se han diluído, y todas las partes – no olvidemos que están los agentes y entidades privadas, junto con los estados – reconocen que es la mejor fórmula posible para la gestión del sistema de dominios.

¿Todos contentos?

Alguna fricción queda, pero ¿en qué organismo de alcance internacional no la hay? La tranquilidad actual obedece en parte a que todos están muy centrados en el lanzamiento de los nuevos dominios […]

Un proceso demasiado largo, según me han dicho.

Es que los intereses en juego son muchos y grandes. Desde que en 2001 se lanzó el dominio .info, entre otros, el procedimiento de apertura de nuevos dominios ha alcanzado una envergadura que entonces no imaginábamos. Por eso, como digo, todo el mundo ha estado concentrado en esa cuestión, y no hay más discusiones que esa […] También está el asunto de la neutralidad de la red, que no afecta al ICANN directamente, pero está en el ambiente y podría tener ciertas connotaciones, pero este es otro tema.

¿Qué connotaciones?

Hay un debate en dos direcciones: una entre los que quieren más o menos regulación; otra, el planteamiento de los operadores, para los que si se toleran usos intensivos de la red por parte de una parte de los usuarios, saldrían perjudicados el resto. El interés del ICANN en este debate está relacionado con su misión de defender la estabilidad de Internet, y hasta ahí ha llegado.

Volvamos a los nuevos dominios, un asunto siempre polémico.

La gracia de los nuevos dominios, los que han sido aprobados y otros que vendrán, está en que al final se va a cumplir el objetivo que Jon Postel se propuso cuando inventó artesanalmente el sistema de dominios. Su idea era agrupar usuarios e información en torno a un nombre que fuera fácil de recordar. Cuando Postel murió de repente, en su mesa encontraron una lista de más de 100 dominios posibles, que no llegaron a materializarse. Creo que lo que hemos vivido ha sido una anomalía del sistema que Postel imaginaba: como sólo existia el .com y todo el mundo entró en él, cada vez se hizo más difícil encontrar nombres libres, y creció el interés por comprar los más deseables. Esto les dio un valor, como siempre que escasea un bien.

Pero ya no son escasos, y el .com sigue dominando.

Es verdad que con los nuevos dominios se ha abierto la posibilidad de tener más nombres disponibles, y se ha tratado de enseñar a la gente que aparte del .com hay otros sufijos que pueden ayudar a identiticarse. Pero la diferencia es abrumadora.

Un caso curioso es el .eu, que empezó con muchas expectativas […]

El problema con el .eu nace de la voluntad de protegerlo con normas estrictas de registro. Para que no hubiera trampas se consiguió lo contrario: parecía un bien tan apetecible que florecieron las trampas. Con los años, se ha estabilizado y consolidado, pero tiene los mismos problemas que otros nuevos dominios: vemos pocas vallas publicitarias, y muy pocos camiones que exhiban direcciones .eu. Me parece que en Alemania y en Europa Central se lo han tomado más en serio, pero en Reino Unido lo desprecian, y en España, casi no nos hemos enterado.

La lista de dominios crece, pero su adopción es muy limitada.

Sigo pensando que todo esto es el resultado de haber tenido pocas posibilidades de elegir: además de las direcciones territoriales, teníamos el .com, el.info o el .biz, y nada más. En el futuro se van a lanzar muchas terminaciones, pero pasarán años hasta que el .com deje de ser el rey, si es que ocurre alguna vez. La abundancia permite la segmentación, y el caso típico son los dominios de ciudades.

¿Cómo está ese proceso?

En fase de espera. En los próximos días, en la reunión de Singapur, posiblemente se apruebe el último borrador de la nueva guía para solicitar dominios. De ahí saldrán pistas sobre cómo avanzar. Y es interesante, porque en las propuestas que conozco, las terminaciones son nombres completos de ciudades, salvo algunos apócopes reconocibles, como .nyc o .bcn; pero la verdad es que no me imagino el dominio .pernambuco. En todo caso, es un experimento que no hace daño a nadie, y no veo motivos de oposición. Pero así puede abrirse un paradigma nuevo: hemos pasado del deseo de universalidad a una tendencia acusada a la localización.

Paradojas de la globalización […]

Otra cosa que está por ver es que la gente busque contenidos de un dominio minoritario en un buscador, y cómo indexarán los buscadores esos contenidos. Si .com tendrá más relevancia que .berlin o .paris, por ejemplo, cuando la gente busque una información relacionada específicamente con esas ciudades ¿a cuál dará prioridad el algoritmo de Google?

El caso es que hay una fiebre de dominios.

Vienen años excitantes, porque se da la coincidencia de un cierto estancamiento, fruto de la crisis económica, un período en el que puede que aparezcan menos empresas y productos – o lo contrario, no estoy seguro – y concecuentemente debería haber menos sitios web y menos dominios. Se da la coincidencia, decía, con una oferta ampliada de dominios […] y lo que tampoco sabemos es qué va a pasar si tengo una oferta de 500 terminaciones posibles ¿cuál voy a registrar primero?

Hay un ejemplo: en el sector del turismo no se usa .travel, que supuestamente se creó para ellos.

Efectivamente, no lo usa nadie. Porque se ha empezado la casa por el tejado: si tengo el .com y quiero cambiar de dominio, me cuesta dinero, y como sé, por el comportamiento de los usuarios, que van a seguir buscándome en .com, pues no me gasto ese dinero. ¿Qué pasará cuando además de .travel pueda elegir otras 30 terminaciones? Igual no habrá tanta presión sobre el .com, o puede que a quien en ese momento lance un un negocio de viajes, ya no le importe tanto la disyuntiva.

Finalmente, ya funciona el dominio .xxx para los contenidos sexuales.

Funciona, pero no corresponde al criterio primordial de ser una necesidad de la comunidad. A los usuarios del porno, les da igual bajo qué dominio se presente, y los productores de esos contenidos dicen que se les ha montado un corralito para discriminarlos; pero como nada obliga a que el porno está exclusivamente bajo el dominio .xxx, resulta ser un invento inútil.

En conclusión, ¿los nuevos dominios son un fracaso?

Un fracaso no son, porque no han cerrado, pero tampoco se han forrado, como algunos creían ingenuamente. Simplemente, no le hacen sombra a .com, esta es la verdad. Personalmente, soy partidario de la libertad total de los dominios y de que cualquiera pueda registrar lo que quiera, siempre que vaya en interés de la comunidad. Si inicialmente se hubiera abierto la mano a más terminaciones, el .com no sería el rey, y todo habria sido más natural.

¿Qué desarrollos espera del sistema de dominios?

Es concebible que ICANN mire con simpatía las propuestas de dominios que utilicen el DNS para ofrecer servicios desde la red […] por ejemplo .tel que podría usarse para servicios de geoposicionamiento. Así como creo que aquellos dominios que no ofrezcan algo mejor que el .com no van a ninguna parte, creo que tendría sentido .shop: si un sitio web, por ejemplo norbertogallego.com, tuviera una tienda virtual norbertogallego.shop para vender camisetas […]

[risas] Gracias, me quedo con la idea. ¿Y los dominios multilingües, escritos con caracteres no latinos?

Realmente, nos cuesta mucho imaginar esta problemática, porque nuestro alfabeto permite acceder a los contenidos del ámbito anglosajón, que son los más abundantes: estamos habituados. Otra cosa sería si escribiéramos en árabe o en chino: ellos defienden legítimamente la utilización de su alfabeto, y carecería de sentido predicar la globalización de Internet y al mismo tiempo cerrarles esa puerta. Técnicamente, está resuelto, y esas comunidades buscarán fórmulas de coexistencia, porque su reivindicación no es aislacionista. Por otra parte, los acentos, o caracteres tan nuestros como la ñ o la ç – que son perfectamente posibles en el estado actual de la técnica – no tienen ningún éxito, porque venimos del .com. Y así vemos que los dueños de la marca Balañá – grupo de cines en Cataluña – usan el dominio balana.com, si eñe ni acento, y sin embargo podrían registrar su marca sin problemas.

¿Ha desaparecido la especulación con los dominios?

Hay menos, y habrá menos. También es verdad que, con la implantación del mecanismo para resolución de disputas, algunos que en su momento habían registrado nombres famosos, perdieron esos dominios fraudulentos. Luego entramos en un período en el que se puso de moda el parking de dominios para ver qué tráfico generaban y luego borrarlos a los cinco días si no era interesante para sus propósitos; pero los registros han puesto coto a esta prácticas. En este momento, especulación propiamente dicha, no hay. Lo que sí hay es gente que tiene dominios que generan tráfico potencial por error del usuario, y esto produce ingresos por clics si se hace a determinada escala. Y luego, lo que no puede llamarse especulación es el mercado secundario, de compraventa de dominios, que goza de buena salud.

El tema del día es IPv6, ¿qué efecto puede tener sobre el sistema de dominios?

Pertenece al ámbito técnico. Bienvenido sea todo aquello que amplía la capacidad de Internet y garantice su estabilidad. Pero, si hablamos del usuario final, no se ha enterado de qué se trata, y me parece bien que así sea.


Contacto Suscríbete RSS


Sobre el autor. Copyright © 2022 El dominio norbertogallego.com es propiedad y está administrado por Diandro SL. B85905537. Creative Commons