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  13/02/2017

13Feb

Si tuviera que elegir un protagonista de la semana pasada sería, a efectos de este blog, Brian Krzanich, CEO de Intel. El Investor Day del jueves ha certificado que la compañía está embarcada en una transición profunda, que Krzanich llamó «probablemente la mayor que ha vivido Intel en toda su historia». No es retórica: de los 59.400 millones de dólares ingresados en 2016, la mayor parte siguió correspondiendo a los chips para PC, pero este es un mercado que se achica cada trimestre, degradando el margen operativo. Por otro lado, la demanda de servidores para datacenter se contrae, al menos en su vertiente on-premise.

Así las cosas, el crecimiento hay que ir a buscarlo en otras líneas de negocio: cloud, HPC, memorias, IoT, comunicaciones, etc. Supondrá inversiones de capital que habrá que explicar muy bien a los inversores, que sólo miran el cash flow como fuente de retorno. Cierto que el accionariado de Intel es conservador, estable y paciente, pero se hace preguntas como cualquiera.

Si no me equivoco, el estrellato de la sesión correspondió a Diane Bryant, VPE a cargo del Data Center Group (DCG). Según ella, esta rama de Intel debería crecer a un ritmo del 6% anual hasta 2021, un período en el que la línea de negocio convencional a su cargo podría declinar un 5%. Ecuación que resume muy bien el marrón que  le ha caído a Bryant.

También se supo la semana pasada que la octava generación de la microarquitectura Core seguirá basándose en la tecnología de fabricación de 14 nanómetros. Coffee Lake, próximo miembro de la familia, será de 14nm, y su disponibilidad se adelantará a la segunda mitad de este año. Un consumidor podría preguntarse por qué comprar ahora un PC con Kaby Lake estando tan cerca la llegada de Coffee Lake, pero el cálculo es otro.

En septiembre pasado, circuló una supuesta hoja de ruta en la que Coffee Lake se marcaba para marzo o abril de 2018. O la filtración era falsa, o Intel cambió su calendario. En la práctica, esto no significa que renuncie a sus planes en 10nm, más bien lo contrario, pero se entiende de facto como reconocimiento de que no tendría capacidad de entrega a tiempo para que los fabricantes lleguen con sus productos a las estaciones clave del año. De modo que ha decidido prolongar el ciclo de 14nm, que así acumularía cuatro fases.

Históricamente, cada salto tecnológico de Intel ha tenido como primer destino los chips para PC. En 2017, el privilegio pasa a las CPU de servidores: los primeros ejemplares de 10nm estarán disponibles en procesadores Xeon para datacenter y luego vendrán los de PC. Otra prueba de la relevancia adquirida por el  DCG también en las prioridades de fabricación.

Hay otra razón para dar a Krzanich el merecido protagonismo. En pleno contencioso sobre el veto inmigratorio de Donald Trump  – Intel, en su condición de «empresa fundada por un inmigrante» [Andy Grove] ha firmado en contra del decreto presidencial – no fue obstáculo para que el CEO de la compañía compareciera junto a Trump en el Despacho Oval, y anunciara que invertirá 7.000 millones en una planta en Arizona, equipada para fabricar chips con proceso de 7 nanómetros, que supondrá 3.000 puestos de trabajo.

Krzanich sintió necesidad de explicar en un memorando a los empleados de Intel que su gesto no implica apoyar ciertas políticas de Trump con las que discrepa, pero la fecha elegida para el anuncio se presta a interpretación. Durante el acto en la Casa Blanca, el CEO subrayó ante las cámaras que «las políticas fiscal y regulatoria prometidas por la nueva administración nos han animado a retomar el proyecto de inversión que teníamos parado».  Tuvo que salir Stacy Smith, presidente de fabricación de Intel, a precisar que no contempla subvenciones gubernamentales. En fin…

Si mis archivos no fallan, este anuncio es una reedición del que hiciera  Paul Otellini en 2011, junto a Barack Obama de visita en la planta de Intel en Hillsboro (Oregon), sitio que originalmente debía haber acogido la llamada Fab 42 (con proceso de 10 nm, que ahora se hace en Israel). El plan quedó congelado por la debilidad del mercado, y al poco tiempo Intel procedió a suprimir globalmente 12.000 puestos de trabajo, parte del legado que Otellini dejó a Krzanich.

Con el anuncio de la semana pasada, el proyecto se desplaza a Arizona, donde ya está hecha parte de la obra civil. Donald Trump tardó minutos en apuntarse en  Twitter los 3.000 empleos que beneficiarán a «la buena gente de Arizona». Intel ya es el primer empleador en Oregón y el segundo en Arizona, además de tener líneas de producción en Irlanda, Israel y… en China.

 

 


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